M A D U R A L A T I E R R A
Una alfarera conoce del tiempo, de la espera y de la paciente perseverancia sobre las
formas. También sabe de prisas y frustraciones, porque la quema es siempre volver a
empezar. La cerámica es domesticar la arcilla, imprimir la memoria de una huella para
dominar un cuerpo físico y movilizar sus partículas.
Modelar el barro es encontrarme con un conocimiento matérico que me antecede, una
memoria atávica que se manifiesta cada vez que lo amaso, o cuando abro el horno
imaginando un resultado. Siempre vuelvo sobre mis pasos para seguir un mismo recorrido
hasta lograr esa reconciliación amorosa entre idea y materia. Ser ceramista es abrirse
a una pulsión urgente que necesita salir a narrar una historia y volverla presencia.
Abya Yala significa tierra en plena madurez o tierra de sangre vital, proviene del
idioma Cuna, es el nombre más antiguo que hace referencia al territorio americano.
Las naciones americanas tenían la idea vitalista del mundo, donde la tierra no estaba
separada de los humanos: era un ser vivo.
Hoy esta tierra madura cuenta la historia de La ceiba, un gran árbol que hace unos 30
millones de años cruzó el océano atlántico desde Abya Yala hacia África. ¿Fue este
viaje un accidente que sólo ocurrió una vez? Plantas que se dispersan entre continentes
gracias al viento, el agua, aves, peces, mamíferos e insectos.
Unas pequeñas semillas llegaron a las costas de África y durante millones de años
mutaron para sobrevivir en un nuevo ecosistema, separándose lentamente de sus
hermanas americanas: iguales pero diversas. Los Tainos, antiguos habitantes de las
Antillas, fueron exterminados durante la colonización española de América, sin
embargo, su memoria los sobrevive en la palabra ceiba que significa bote. Un pequeño
bote natural que atravesó el océano llevando en su interior la potencia de la vida,
una invasión natural y amorosa que no fue realizada por nosotros, animales humanos.
Las selvas y bosques dependen de los viajes de las semillas, sin embargo, este equilibrio
está en peligro. En el pasado las plantas pudieron viajar entre continentes, hoy,
muchas ya no pueden ni siquiera sobrevivir en lo que era su ambiente natural porque
la sangre vital del mundo se está secando y nosotros somos los responsables.
Una semilla guarda secretamente en su interior la posibilidad pura, el futuro en
suspenso y esas promesas por cumplir que esperan mansamente tocar el suelo para
madurar y germinar dentro ese útero de tierra e iniciar así el ciclo de la vida. La
cerámica también representa la mutación vitalista de la naturaleza porque quemar el
barro es hacer madurar la tierra para volverla leyenda.

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